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jueves, 28 de agosto de 2014

Los ocho Principios Básicos de la Terapia de Juego No-Directiva

Los principios básicos planteados en la Terapia de Juego no-directiva son una guía para los terapeutas, éstos deben aplicarse en todos los contactos terapéuticos que realice durante su labor. Los principios fueron planteados para fomentar una relación terapéutica interna y agradable con el niño, ya que esto posibilita y promueve una buena base para el tratamiento del mismo. Son los siguientes:
 
1. El terapeuta debe desarrollar una relación interna y amigable con el niño, mediante la cual se establece una armonía lo antes posible.
 
El terapeuta genera una relación amigable con el niño desde el primer encuentro. Se permite que el niño explore el cuarto de juegos invitándolo a realizar lo que el o ella desee. En todo momento se permite que el niño/a decida qué hacer y en qué momento.
 
2. El terapeuta acepta al niño como es.
 
La actitud del terapeuta demuestra la total aceptación del niño. Es necesario evitar la demostración de cualquier señal e impaciencia o realizar alguna crítica o reproche. Además, se elimina todo halago relacionado con que el niño/a diga o haga.
 
3.  El terapeuta crea un sentimiento de actitud permisiva en la relación, de tal forma que el niño se siente libre para expresar sus sentimientos por completo.
 
El sentimiento de permisividad se establece al establecer que la hora de terapia pertenece totalmente al niño/a y al expresarle que puede utilizarla como lo desee. La permisividad se basa en la ausencia de sugerencias por parte del terapeuta, él/ella acompañará al niño/a en lo que desee realizar.
 
4. El terapeuta está alerta a reconocer los sentimientos que el niño esta expresando y los refleja de nuevo hacia él de tal forma que logra profundizar más en su comportamiento.
 
El reconocimiento y reflexión de sentimientos por parte del terapeuta permite que el niño analice su comportamiento, llegue a un proceso de introspección y pueda llegar a un punto de crecimiento sobre el problema que le está afectando.
 
5. El terapeuta observa un gran respeto por la habilidad del niño para solucionar problemas, si a éste se la ha brindado la oportunidad para hacerlo. Es responsabilidad del niño decidir y realizar cambios.
 
Como parte de la estructura de la terapia, el terapeuta busca ayudar al niño a comprender que él/ella es responsable de sí mismo/a. El cambio de comportamiento es relevante y duradero cuando proviene del mismo individuo como resultado de la nueva visión o perspectiva que ha adquirido.
 
6. El terapeuta no intenta dirigir las acciones o conversación del niño de forma alguna. El niño guía el camino; el terapeuta lo sigue.
 
Las recomendaciones hacia el terapeuta son: no realizar preguntas inquisitorias, eliminar palabras de alabanzas para evitar formar una relación de dependencia y no realizar sugerencias. Esto fomenta que el niño/a desarrolle confianza y autonomía.
 
7. El terapeuta no pretende apresurar el curso de la terapia. Este es un proceso gradual y reconocido por el terapeuta.
 
Durante la sesión de terapia se cumple la ley de la disposición. La expresión de sentimientos por parte del niño/a en presencia del terapeuta ocurrirá cuando esté dispuesto/a. El terapeuta no puede apresurar los procesos, ya que esto generaría retraimiento o resistencia.
 
REFRENCIA BIBLIOGRÁFICA
 
Axline, V. (1975). Terapia de Juego. Editorial Diana S.A. México: México, D.F.
 
 

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